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Memento

Capítulo 1: La conclusión
El pobre Jaime pasó unos días de capa caída. Reflexionando llegó a la conclusión, no sé por qué, de que aquello era una buena señal ya que, si no, no le habría seguido el juego.

Capítulo 2: La consolación
Después de secarme las lágrimas le dije que no se preocupara, que no ha funcionado, pero, ¿y el buen rato que hemos pasado? Además, se había llevado gratis un baticao para ciclados valorado en 5€. Ni tan mal.

Capítulo 3: La contestación
Dejo un tiempo prudencial, me acerco a él, y le pregunto qué era lo que le había dicho. En ese momento no podía parar de rascarme por todo el cuerpo. Me picaba la curiosidad. En fin, me cuenta que lo que le había dado era un batido de proteínas, y que la chica le había dicho: “No quiero que te quedes abatido, pero es que no me gustas…”

Capítulo 4: La desorientación
Tras hablar durante un cuarto de hora la chica vuelve a entrar en el gimnasio. En ese instante veo como Jaime me busca algo desorientado, y ambos nos miramos con cara de no entender qué estaba pasando. Pero al cabo de siete minutos de incertidumbre sale con una especie de Cacaolat o zumo en su mano y, después de decirle algo, se lo da, esboza una sonrisa, y se va.

Capítulo 5: La decisión
Tras esto, Jaime no se conforma y quiere dar un paso más. Por eso, al día siguiente decide ir a esperarla a la salida del gimnasio. Lo acompañé hasta el lugar y esperé en el bar que hay en frente, atento a lo que sucedía. La chica tardaba muchísimo en salir, cosa que nos empezaba a inquietar ya que tal vez no había ido. Pero al cabo de un buen rato salió, acompañada de unos chicos de los que se despidió antes de encontrarse de frente con Jaime. Se acercó y se pusieron a hablar. No parecía muy disgustada, pero tampoco sabía exactamente qué le estaba diciendo.

Capítulo 6: La convicción
Mi cara al ver semejante escena resultaba digna de estudio, y claro, cuando conseguí reaccionar no pude parar de reir. En el transcurso de los cinco minutos que duró aquello entró una pareja de vecinos que le miraban pensando: “¿Qué narices hace este subn***?”. Él está convencido de que después de algo tan “original” cae fijo. Eso sí, la verdad es que el chaval le pone imaginación.

Capítulo 7: La declaración
Unos días más tarde, volviendo de tomar unas cervezas, me pide parar en el portón de una amiga suya para dejarle algo. Cuál fue mi sorpresa cuando, de repente, veo que empieza a sacar sobrecillos de ketchup y a meterlos en su buzón. Hasta 30 sobres conté. Uno detrás de otro. Y al final, una nota que decía: “Ketchupi sería estar juntos, ¿no?”

Capítulo 8: La introducción

— ¿Desea ketchup?
— Sí, bastante, por favor.

El final de aquella conversación con la dependienta del McDonalds fue el comienzo de todo. Era una fría noche de invierno y Jaime tenía hambre. Además, la semana pasada le habían mandado en la universidad una tarea consistente en hacer fotos de colas y pensó que McDonalds sería un buen sitio para analizar. Hasta ahí, pensaréis, todo normal. Todo normal de no ser porque Jaime odia el ketchup.


Si has visto Memento entenderás el sentido, y no la dirección, de esta entrada. Al igual que si has estudiado Lean sabrás que las cosas ordenadas y bien estandarizadas se entienden mucho mejor (las historias fueron creadas bajo el estándar introducción-nudo-desenlace, y ni yo ni Christopher Nolan somos quién como para pasarnos el estándar por todo lo alto. Una auditoría aquí y ahora y me crujen vivo).

Si no has visto Memento, tienes que verla. Sin más. Si no has estudiado Lean, tienes que… bueno, no hay primer parcial. Nada de lo que preocuparse (de memento).