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TPM, un sistema ‘total’…con sus pros y contras

El TPM (Mantenimiento Productivo Total) nació en Japon. Este país, antiguamente no distinguía las actividades de producción y mantenimiento y los operarios se dedicaban a las dos cosas a la vez. Por eso, no es casual que está idea tenga su origen allí.

El primero aspecto que podemos destacar, a partir del mismo acrónimo, es la palabra total a indicar que son implicadas todas las actividades que realizan todas las personas que trabajan en la empresa, así que la responsabilidad del buen funcionamiento de las maquinas es de todos, independientemente del departamento o del nivel.

La ventaja de este tipo de enfoque va más allá del simple alcance de los objetivos Cero accidentes, Cero defectos, Cero fallas. Lo que realmente permite de lograr es un resultado más exitoso, participativo y enriquecido gracias a una profunda integración de toda la organización. Pero en aplicarse no es tan fácil como en decirse.

Lo que este sistema supone es un cambio radical de cultura, y eso requiere mucho tiempo para que todos los componentes de la empresa sean convencido del beneficio común que se va a generar. Además, hay que considerar los costes elevados debido a inversiones en formación y a los procesos de implementación que pueden durar hasta unos años.

El TPM, hoy en día, es uno de los sistemas principales para dirigirse hacía la eficiencia total y, como consecuencia, la ventaja competitiva, pero hay que actuar con cuidado y enfocar todos los esfuerzos en la alineación de la cultura y las personas, antes de pasar al acción.