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Starbucks: cuando el valor añadido no está en el café

A día de hoy, todos conocemos las cafeterías Starbucks. También apostaría en que muchos de nosotros hemos entrado en uno de sus locales, pagado tres euros por un café y hemos salido indignados por pagar tres euros por algo que en la mayoría de cafeterías cuesta poco más de  un euro. Y sin embargo, pasado un tiempo, hemos vuelto a entrar en alguna de sus cafeterías y hemos vuelto a comprar un café por tres euros. Y, así, vendiendo “cafés caros” se ha construido una empresa con más de 17.000 locales y 140.000 empleados.

De este modo, la pregunta es: ¿cómo se ha podido levantar tal empresa vendiendo al doble o triple de precio que sus competidores un producto tan sencillo como el café? La respuesta: el valor añadido no se encuentra en el café, sino en el contexto que lo rodea. De esta manera, Starbucks ha dado de forma directa con aquello que el cliente percibe como el valor del producto, que no es el café, sino es el poder consumir el café en un ambiente confortable, tranquilo, con WIFI y donde puedes estar todo el tiempo que quieras.

Con esta reflexión, amigos y compañeros del Lean Manufacturing, quiero destacar la importancia de la percepción por parte del cliente como elemento fundamental para añadir valor a un producto y que, en ocasiones, el éxito puede residir en añadir valor analizando desde una perspectiva diferente y estudiando qué valora el cliente más allá del propio producto.